Y a esto …, ¿cómo se le llama ?

Siempre que hablamos de amor, se nos viene a la cabeza la idea de la familia, la pareja… y si vamos más allá, sobreentendemos el Amor con mayúsculas aquél que una madre puede profesar a un hijo o, incluso, en términos religiosos, el de Aquél que dio su vida por nosotros en una cruz. Todos ellos, en mi opinión, son amores grandes pero un poco “sosos”, a excepción del último caso.

Al fin y al cabo, la familia se segrega, las parejas se separan, los hijos “vuelan” y no sé qué habría hecho Jesucristo, sinceramente, de saber en lo que nos hemos convertido… Por eso, al decir “amor”, siempre me quedo algo pensativa cuando hablo de aquello, sea lo que sea, que experimentan los animales hacia otro ser. No vale la opinión de aquéllos que no convivan 24 h. con un animal, sea de la especie que sea, y que no lo hayan hecho al menos durante diez años. Simplemente, su opinión no me es válida. No tendrían empirismo suficiente ni estadísticas reales. Por eso, tampoco sé cómo llamar yo a “esto” que veo cada dos por tres en el Albergue y que no sé si me causa pena o alegría. Curioso, ¿eh?

La primera vez que lo vi no le di mucha importancia, fue impactante pero no pude asociarlo en ese momento a situaciones que he vivido después y ya pude contrastar. Era un precioso pura sangre irlandés. Se llamaba Jim-Brook y había vivido desde hacía años y visto crecer a una potrita de nombre Sahrah a la cual envié a la finca de un amigo mío para que pudiese vivir en libertad durante unos cuantos años hasta que comenzase su periodo de entrenamiento. Cuando llegó el día de su vuelta después de tres años, Jim-Brook relinchó y corrió a su encuentro galopando desenfrenadamente. No paraba de relinchar al acercarse a ella con una alegría indescriptible. Pero jamás llegó a su encuentro. Jim-Brook cayó muerto a sus pies fulminado por un ataque al corazón. Durante horas, Sahrah permaneció junto a su cuerpo mientras le lamía la cara e incluso mordía las orejas, intentando que se levantara. Sahrah aún sigue con nosotros hoy, casi veinte años después, pero en todo este tiempo, jamás ha vuelto a querer tener otro amigo. Vive ahora en una manada y apenas presta atención a los demás miembros.

Ésa fue la primera vez pero tras ella, llegaron muchas… caballos que se conocían en el Albergue y se apoyaban mutuamente hasta recuperarse y cuando pasados algunos años, uno moría, sabíamos que era cuestión de meses, a veces días, que el otro corriera a su encuentro. Simplemente, no querían seguir sin su compañero. Y no había absolutamente nada que nosotros pudiéramos hacer.

BLOG 2017-01-20 1Un caso reciente fue el de dos pequeños ponis que rescatamos juntos de una barbarie. Habían estado juntos toda su vida y al ser tan pequeñitos se apoyaban mutuamente siempre. Como no queríamos separarlos bajo ningún concepto, fue difícil encontrar una familia que los quisiera a ambos pero por fin la conseguimos. Pasado un tiempo, la familia nos llamó para decirnos que uno de ellos sufría un cólico grave y que el pronóstico era malo. El veterinario se encontraba allí en aquellos momentos intentando salvarle la vida. Habían metido al enfermito en un box para atenderle y al otro en el box contiguo para que no se sintiera solo. No pudieron hacer nada y al final murió. En el momento en que lo hizo, oyeron un ruido en el box contiguo y cuando miraron, se encontraron a su compañero muerto también. La familia no podía dar crédito y me llamaron presos de histeria tratando de justificarse y temiendo una reacción por nuestra parte. Al otro lado del teléfono yo, sonreí con una lágrima. No tenían que darme explicaciones. De hecho, desde que empezó el cólico del compañero, mi hermana y yo ya habíamos hablado de esa posibilidad, pero jamás pensamos que fuera tan pronto.

BLOG 2017-01-20 2En otra ocasión, hubo que sacrificar por fractura grave a uno de nuestros caballos que se encontraba adoptado en una finca cercana y fuimos mi hermana y yo con nuestra veterinaria para asegurarnos de que se hacía correctamente ya que el veterinario de esa finca no era de nuestra total confianza. Justo antes de hacerlo, los cuatro galgos de la cuadra que habían convivido con él, y que hasta el momento habían permanecido callados y jugando alrededor de nosotros, empezaron a aullar sin consuelo. No había forma de callarlos y aunque el mozo de las cuadras intentó llevárselos de allí, no hubo manera. Cuando Piropo cayó al suelo ya sin vida, callaron. Se acurrucaron junto a él y los humanos, casi avergonzados, salimos de allí. Él no podía estar en mejor compañía.

Y cuando hace años llegaron a nuestra vida Promesa y Valor, supimos que la existencia del uno sin el otro era inviable. Cuando tras BLOG 2017-01-20 3unos cuantos años de vida maravillosa en el CYD, Valor murió de un infarto, Promesa permaneció sin comer hasta su muerte semanas más tarde. Lo intentamos todo. BLOG 2017-01-20 4La levantábamos todos los días con ayuda de los voluntarios, pero ella simplemente se tiraba al suelo y se negaba a dejarse mover. Permanecía día y noche en el lugar donde había muerto su amigo y nos miraba con tristeza y yo diría que hasta con una sonrisa, cada vez que intentábamos que, incluso a la fuerza, comiera.

Y escribiendo estas líneas y recordando en el tiempo, me doy cuenta de que son tantos los casos, que tengo que parar aquí.

El motivo de tocar este tema en el blog de hoy es que volvemos a encontrarnos en un caso similar. HBLOG 2017-01-20 5ace apenas un par de meses murió nuestra amadísima Heidi, la cabrita tibetana rescatada hace doce años por maltrato grave. Poco después de llegar ella, rescatamos a Paqui. Las dos cabritas se convirtieron en inseparables durante estos largos años cuando Paqui se recuperó de las innumerables patadas que le había dado su anterior propietario, pese a que le quedaron secuelas de por vida. Las dos han sido muy felices en el CYD y yo sabía que era inminente la repercusión de la pérdida. En menos de un mes, Paqui ha desarrollado un tumor y otras anomalías que comprometen ya su vida y aunque su veterinario Emilio se desvive literalmente por ella, es ahora a mí, como hacía Promesa, a quien le toca mirarle con tristeza y una sonrisa, mientras trato por todos los medios de ayudar a Paqui.

Pero mi pregunta es: “¿Cómo se le llama a esto?” Porque en el caso del lenguaje de los seres humanos, tenemos la palabra “amor”, pero… ¿es suficiente? ¿Describe con justicia esta forma de actuar? Tal vez deberíamos inventar otra palabra. Sólo para los animales y muy pero que muy pocos humanos. Tan listos como somos y no la tenemos.

Será porque nosotros, rara vez la necesitamos…

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