Segundos Eternos

Como hay tanto trabajo y el día tiene tan pocas horas, yo suelo estar con los animales casi siempre a solas para que nadie me interrumpa y pueda terminar todas mis tareas. UtilizFoto0838o las horas en que hay gente en el Santuario para medicar, limpiar o atender a los que están en la casa, jardines o las colonias que tenemos repartidas y cuando el Albergue está cerrado, entonces estoy yo con los caballos. No es que sea antisocial (que lo soy), es que trabajo el doble de rápido y soy más efectiva que, al fin y al cabo es lo que cuenta, si no me molesta nadie. También es menos peligroso porque
suelo trabajar con animales difíciles por uno u otro motivo y sé que estoy más segura a solas con ellos que rodeada de gente, en la que ellos no confían. Hoy, trataba de explicarle esto a mi madre por teléfono mientras manejaba una herida de una yegua complicada y me parece que aceptó la explicación sin creérselo mucho, pero ya se sabe, las madres… Por este motivo, el compañero constante en mi trabajo con animales suele ser el silencio (como mucho, el sonido del viento, el trino de los pájaros, algún relincho ocasional, un maullido cariñoso…) y, claro, sin querer comienza la concentración en lo que haces. Empieza tu mente a hablarte, a veces de manera lógica y, otras, simplemente el corazón la calla dando paso sólo a sensaciones y sentimientos. Yo creo que a esto
la gente lo llama meditar. Para mí es hacer lo que tengo que hacer, sonriendo la mayor parte del tiempo.

Y toda esta introducción para llegar a esto. A estos segundos que parecen eternos cuando, en silencio, ves como la yegua apenas respira para no pisarmemientras le vendo la pata cada día con esa herida inmensa. Me tengo que sentar en el suelo porque las rodillas no me aguantan y ella está suelta porque no me gusta atarlos. Y ni se mueve. Mira hacia_DSC0215 abajo para asegurarse de dónde estoy y yo miro hacia arriba con una risa boba de agradecimiento y el corazón lleno hasta las trancas no de sangre sino de amor.
En cuanto he acabado
tengo que ir a recoger a alguno de los que he soltado en algún paddock para que disfrute de alguna carrerita y sólo tengo que ir hacia su puerta. No me hacen falta cabezada ni cuerdas, sé que vendrá en cuanto me vea y me seguirá al fin del mundo si así lo decidiera. Si está lejos, le llamaré y vendrá a la carrera mientras relincha. Y de repente, mis ojos verán como acámara lenta. Es como si el tiempo se detuviera y más que risa boba es ahora una carcajada de lo más estúpida. A veces, se me cae la baba… me alegro de que no haya nadie… Y durante esos eternos segundos en los que viene hacia mí al galope, no paramos de mirarnos a los ojos. Y no vemos, oímos o sentimos nada más. Creo que los budistas llaman a esto alcanzar el “Nirvana”… yo lo llamo “joder, cuánto te quiero bicho”.
Y mientras lo meto en la cuadra, paso por delante de alguno que me miIMG_20141226_163415-1ra fijamente y lo oigo alto y claro: “Acércate, Concord
ia, que quiero decirte algo” y sólo tengo que pensarlo: “Ahora voy pequeño, dame un segundo” y veo que da media vuelta… me ha “oído” y está esperando. En cuanto termino con el otro voy para allá, abro la cuadra, le pregunto en silencio y él o ella miran fijamente la cubeta en el suelo… no hay agua dentro. La ha tirado sin querer o alguien se ha olvidado de reponerla. Sonrío otra vez y ahí vuelven a estar esos eternos segundos… me mira compugido: “Es que tengo sed”… le miro sonriendo…: “No pasa nada chaval, ahora te la pongo” y justo antes de empezar a beber, mientras me dejo la espalda arrastrando la cubeta llenita, hay apenas una décima de segundo, que para mí son alrededor de trescientos años de tiempo paralizado, en los que me mira fijamente antes de empezar a beber y oigo: “Gracias”. Y al verlo sacia
IMG_20160322_170105r su sed al mediodía mientras me duele la espalda, huelo que apesto, me pica todo y me he clavado algo en algún sitio, pienso: “Gracias Señor por permitirme estar aquí. La frase quedaría bonita si no fuera porque la mayoría de las veces parece que oigo que contesta…: “Es que en otra vida fuiste malísima…”
Y por fin me voy a casa a seguir con más trabajo cuando empieza a venir la gente al albergue y me doy media vuelta y echo un vistazo general… todo en silencio y mirando uno por uno. La mayoría de las veces que creo que me voy no lo hago… los humanos con los que me relaciono saben que suelo despedirme una media de tres veces en una misma hora y se ríen de mí. Y es que en ese vistazo general último, alguno me llama… y tengo que ir porque jamás lo harían si no ocurriera algo. Y esos segundos hasta que llego a ellos vuelven a hacerse eternos porque no sé si el motivo será grave. Esos segundos sí que duran años… A muchos les parecerá que exagero o que son imaginaciones mías, pero yo aún recuerdo aquel día hace ocho años cuando me llamó Torrente con su mirada. Estaba a más de cien metros, en el paddock 12 y yo ya me iba. Estaba de pie, tranquilo, con su compañero de toda la vida en el CYD, pero me miró y no había lugar a dudas. Era una llamada. Fui, de mala gana. Hacía calor y estaba rendida. Pensé: “Qué, jodío???, qué quieres???” y le oí…: ”Te estaba esperando”… y en esos eternos segundos se me heló la sangre. Él, se tumbó suavemente, yo_DSC0150, me arrodillé delante de él. Aunque sabía lo que iba a pasar y que era inútil, llamé rápidamente a nuestra veterinaria y apagué el teléfono. Ese eterno segundo tenía que ser como siempre, en silencio. Sólo él y yo. Sólo le permitiría la entrada al ángel que viniera a llevárselo. Y así transcurrieron unos cuantos minutos, con su cabeza apoyada en mi regazo. Y durante esos miles de años le acaricié las crines y le acuné despacio. Y se fue tranquilo, feliz, y en el medio de ese atronador y respetuoso silencio que le dedicaron todos los animales del Albergue, incluida yo, durante ese tiempo largo o corto, qué se yo, en el que él echó un vistazo por última vez a todos antes de irse y supo que podía marcharse tranquilo. Como yo cada día… lanzando una última mirada de apenas unos segundos…

 

concordia cyd