Filosofía pura

Mi hermana era muy pequeñita cuando le pasó algo, no recuerdo qué, en el colegio. Estaba muy triste y mi deber como hermana mayor era intentar consolarla. Me dio penita porque la verdad, era algo que ya no tenía solución así que le conté una historia de un filósofo Taoísta, Lao Tse, que habla acerca de un hombre sabio al que se le pierde un caballo, y todo el pueblo, lleno de buena fe trata de empatizar con él diciéndole: “Qué mala suerte”.
El hombre se ríe y dice: “Quién lo sabe”…

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La historia continúa relatando hechos que suceden en las vidas de las personas y la moraleja final es que jamás debemos juzgar estos hechos como buenos o malos ya que nunca se sabe lo que de ellos puede derivar. Es la filosofía de “es lo que hay” pero llevada a su extremo. No como conformismo sino incluso como esperanza y alegría.

El año que cerramos ha sido unos de los peores en cuanto a “hechos” que ha vivido el CYD Santa María como Centro de Rescate de Animales Abandonados y de mi hermana y yo a nivel personal, con pérdidas de seres muy queridos y enfermedades varias. Si yo fuera Lao Tse miraría lo que queda para terminar el año con verdadera ilusión ya que si seguimos una proporción aritmética, nos puede pasar de todo. El problema es que soy Concordia Márquez y tengo verdadero pánico.

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Pero el caso es que no sé por qué, ya que este año me ha demostrado que lo que en su día le conté a mi hermana es totalmente cierto y animo a que las personas que lean este blog crean en ello firmemente.
Todos sabéis que Málaga ha pasado por un momento más que difícil debido a las intensas lluvias de este mes. Desde estas líneas envío todo nuestro cariño a los animales, plantas y personas que han padecido algún tipo de pérdida y ruego para que tengan la ayuda que nosotros hemos tenido.
Nuestro Centro se anegó por completo la madrugada del viernes día dos y se derrumbaron los caminos de acceso a nuestra comunidad de vecinos.

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No podíamos recibir ayuda pese a que varios voluntarios lo intentaron y tan solo permanecimos en el centro, mi hermana Virginia, David nuestro empleado y yo.
Los bomberos pusieron manos a la obra inmediatamente intentando restaurar las comunicaciones para poder acceder a las casas colindantes y algunos miembros a nivel personal del SEPRONA de la Comandancia de la Guardia Civil de Málaga se ofrecieron en caso de gravedad extrema a enviar un helicóptero. Saben que nuestros padres ya mayores viven con nosotras y que era casi imposible que pudiéramos salvar a los casi doscientos animales que se encuentran el CYD.
Pero como mi hermana y yo somos más de hacer que lamentar, nos pusimos manos a la obra junto con David al saber que no recibiríamos ayuda inmediata. Dejar a nuestros animales atrás jamás habría sido una opción así que nos quedamos  y dimos gracias a Dios por nuestra política de “no jaulas” para los animales ya que gracias a ello y la pendiente natural del CYD, los más pequeños pudieron ponerse a salvo por sí mismos pudiendo concentrarnos en los caballos, especialmente los más débiles o enfermos.
Trabajamos sin parar desde la madrugada del viernes hasta la del domingo ya que no paró de llover.

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Perdimos todo el forraje almacenado para más de un mes y la comida de los caballos. Las vallas cedieron y varios árboles cayeron. Las cuadras, pajarera, almacenes, enfermerías y farmacia se inundaron. Perdimos bajo el agua las conexiones eléctricas y las tuberías. Veíamos todo aquello impotentes porque nuestra prioridad era tener a los caballos y resto de animales a salvo. Lo único que podíamos hacer era achicar agua y tratar de cavar zanjas de evacuación. Nuestro terreno es arcilloso lo cual dificultaba aún más el trabajo que tratábamos de hacer cada minuto interminable que pasaba.
Pero entonces, la filosofía Taoísta entró de lleno en nuestras vidas y por la Puerta Grande.
Desde el viernes al domingo no hicimos otra cosa que trabajar en el centro y hasta entonces no sabíamos la gravedad de lo que estaba ocurriendo en el exterior. Cuando el domingo pudimos subir a nuestras casas nos encontramos con la sorpresa de que muchas personas desconocidas, protectoras de animales, amigos, voluntarios… se estaban organizando para echarnos una mano de forma masiva… Imposible describir con palabras lo que sentimos en ese momento.

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Se coordinó un ejército de voluntariado que el martes día 6 se presentó en el albergue con sesenta “soldados” de Dios que en tan solo un día dejaron el albergue reluciente y no faltó un solo animal que no tuviera aquella noche un lecho seco donde dormir y ninguna zona común quedó con resto alguno de barro. Esa noche mágica, todos los caballos se tumbaron por primera vez en cinco días, exhaustos, y pudieron descansar sus viejos huesos en un sueño que, os puedo asegurar, fue igual de reparador para ellos que para mi hermana y yo sólo con verlos.

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Pero no quedó ahí la cosa.
Decenas de personas empezaron a desfilar por el albergue en cuanto se repusieron un poco las carreteras y empezó a llegar gente con materiales de limpieza, mantas para los perros y gatos, comederos y un largo etc que hicieron nuestra vida más fácil ya que todo lo que nosotros teníamos aún seguía empapado.

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Y se llegó aún más lejos.
Se empezaron a movilizar a través de las redes sociales y empezaron a llegar donaciones para la reposición de toda la paja y el heno que habíamos perdido. Llevábamos días pensando en cómo iban a reaccionar los proveedores cuando les dijéramos que no podríamos pagarles pero que necesitábamos de manera urgente lecho y comida para todos nuestros caballos. La situación era con mucho la más crítica vivida en los últimos años ya que el día siete, miércoles, tan solo quedaban seis alpacas de paja y unas veinte de heno que pudimos salvar. Apenas para día y medio más. Y la cuenta bancaría del CYD con el dinero justo que debíamos para cerrar el año y con deudas.

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El día 8 hice varios viajes con el coche y trajimos unas cuantas alpacas de personas particulares para pasar los días uno por uno y lo único que podíamos hacer era rezar. Para entonces, ya sabíamos que el Colegio Oficial de Veterinarios de Málaga, a través de nuestra veterinaria Aída, iba a donar un camión de heno para comida y que varias personas habían hablado con uno de nuestros proveedores. También había algunos ingresos en nuestra cuenta pero no sabíamos si sería suficiente para llenar un camión de paja para la gran cantidad de animales que tenemos. Además, los accesos seguían cortados y aún hoy, día 10 es imposible acceder con camiones al CYD.
Y entonces, el viernes 9 de repente, apareció ante nuestros atónitos ojos un pequeño vehículo de nuestro proveedor cargado con 70 alpacas que había donado una madrina. Si  las vértebras de mi espalda pudieran hablar, habrían montado una fiesta, os lo aseguro.
Y no sólo trajo esa paja… trajo la buena noticia de que había más dinero a nuestro favor en su cuenta proveniente de muchas personas desconocidas para él pero que habían dejado muy claro que era para los caballos maltratados y abandonados de CYD Santa María. Por lo tanto, ese dinero se iba a emplear en traer la comida y el lecho para nuestros animales en cuanto se abrieran los accesos y nuestra deuda pendiente con él seguiría intacta para el próximo año cuando pudiéramos abonarla.
Mi hermana y yo simplemente no podíamos creerlo.
Había gente que había llamado y donado y nosotras ni siquiera sabíamos quiénes habían sido. Durante estos días hemos tratado de dar las gracias a todas aquellas personas que se habían puesto en contacto con nosotras pero entre el cansancio y la falta de tiempo, estamos seguras de que no hemos dado las gracias a todas. En realidad estamos más que seguras porque ayer mismo, al entrar en una tienda con el dinero justo para comprar algo de comida de hurones, medicación de caballos y gatos y algunos sacos de pienso para las colonias de perros y gatos del exterior que gestionamos y sí se habían mojado por estar en mi casa, la señorita que me atendió, al ir a pagar me dio dos besos y me dijo que me fuera rápido. Que yo tenía mucho trabajo por delante y que ella pagaría de su bolsillo la comida de estos animales… Me quedé tan parada que no acerté a decir palabra. Cogí las cosas y me fui. Tuve que llamar a mi hermana desde el coche para que llamara ella y le diera las gracias. Espero poder disculparme con ella pronto porque jamás me he sentido tan idiota.
Desde estas líneas, queremos no sólo agradecer sino bendecir a todas y cada una de estas personas. No es una frase hecha, por favor, tenedlo en cuenta.
Y anoche, cuando por fin pude volver a abrazar a mi almohada después de más de una semana, me di cuenta de que lo mejor que había pasado en nuestra vida en este año habían sido estas terribles inundaciones.
El cuento de Lao Tse, se había cumplido. La vida es pura filosofía y de ti depende darle una u otra interpretación. Tras un año de muertes de seres queridos, enfermedades, deudas, denuncias contra malas personas, sufrimiento y pérdida de Fe, de repente, el corazón se te llena de agradecimiento, la mente de esperanza y el alma de descanso.
No estamos solas. Nuestros animales tampoco.
Y la vida, así, a lo tonto, te parece mejor.

Gracias a todos los que han colaborado, pues, no ya por la comida, reparaciones y lechos de nuestros animales. En realidad, por devolvernos la sonrisa y la esperanza a mi hermana y a mi.

Gracias amigos !

concordia cyd