¡Buenas noticias: España no tiene Límites de Velocidad para la Estupidez !

Hoy, 7/9/17, tenía revisión médica. Había acabado con todo mi trabajo e incluso me había grapado una mano que necesitaba varios puntos por meterme a arreglar cosas para las que, obviamente, no estoy cualificada…

Tenía mucha prisa pero todo estaba hecho, así que recogí a mi SIMG-20170907-WA0004anta madre y a mi hermana y nos fuimos a la clínica. Decidí vestirme de persona por una vez y aparte de un vestidito ridículo de rigor, que me hace parecer menos cow-girl, me calcé una chanclas rosas, monísimas de la muerte, a juego… Me sentía como una princesita sin una sola mancha de sangre, vómito, legaña y exquisiteces varias habituales. Mi hermana y yo, tan felices por poder salir al menos una tarde a ver mundo, aunque fuera un hospital… Y, una vez terminada la consulta, volvimos a casa.

Hace ya mucho que procuro no mirar los márgenes de la carretera por los animales muertos o abandonados, los camiones llenos de cerditos que se comerá alguien sin saber que se está tomando antibióticos, anabolizantes y enzimas no digestibles de todo tipo o cualquier otro animal sufriendo de una forma u otra y para los que las leyes no es que vayan lentas… ¡es que no van!

Pero claro, ver a un pobre burrito, galopando de forma frenética al otro lado de una autovía (MA 357) en contradirección y oír cómo le dan un golpe, es difícil de no ver, así que… el cerebro se activa sólo y comienza la actuación en casos de emergencia de rigor. Llamada al 112 para que envíe una patrulla de lo que fuera de refuerzo para mí hermana y para mí y acelerador a tope para dar media vuelta en el cambio de sentido más cercano y actuar…

Gracias a Dios el primer coche patrulla de la Guardia Civil de Tráfico llegó en segundos y, gracias a Dios, mi hermana y yo somos ya muy expertas, (por desgracia, en realidad) en lenguaje corporal de équidos, si no, hoy, hubiera ocurrido una desgracia seguramente mayor de las que han ocurrido ya. No llegamos a tiempo para el primer coche accidentado pero sí pudimos, tras el primer choque, meter al animal en el arcén mediante nuestras indicaciones corporales y, al menos, sacarlo a él fuera de más peligro… pero otra cosa era poner la cabezada y la cuerda que siempre llevo en el coche a un animal asustado, dolorido, deshidratado y que no entiende que su dueño es un gilipuertas más (en mi opinión) de los tantos que pululan por esta España nuestra torera y sinsentido.

Llegó el segundo coche patrulla… y el tercero… y más tarde el cuarto… pero ahí, las que corríamos y tratábamos de detener al animal éramos mi hermana y yo y en un momento dado hasta nuestra pobre madre de 70 años que se enfrentó al burro con su propio cuerpo. Nuestra misión era que el animal no volviera a salir a la autovía y causara una desgracia. Nos enfadamos mucho con nuestra madre por el riesgo que corrió pero lo cierto es que, gracias a ella, que simplemente imitó lo que nos veía hacer a nosotras, el animal no traspasó el arcén.

Es cierto que la Guardia Civil de Tráfico no tiene por qué saber nada sobre animales pero también es cierto que es del todo estúpido que haya dos pobres agentes del SEPRONA para todo el Guadalhorce. Cuánto eché de menos a los agentes con los que trabajo habitualmente… pero es lo que había y resulta ser que uno de los de Tráfico que estaba, le echó valor y me ayudó a frenar al animal antes de que volviera a saltar a la carretera. Este hombre siguió mis indicaciones al pie de la letra y gracias a él pude acercarme por fin al animal para ponerle la cabezada. En ese momento vi que la cabezada desgastada y apestosa que el burrito tenía estaba rota y opté por la solución más fácil que era engancharle la cuerda que yo llevaba y no estresarlo más, haciendo un nudo de seguridad para no tener que arriesgarme a cambiar su cabezada por la mía y exponerle a asustarse de nuevo. Cuando al fin el agente de Tráfico y yo ya lo teníamos y mi hermana nos parapeteaba con su cuerpo para el caso de que el animal se asustara, oímos el frenazo… fue todo muy rápido… después un gran golpe… y el único que reaccionó a tiempo y de manera ágil fue el burro, mientras el agente y yo nos quedábamos hipnotizados por el choque de dos coches a menos de un metro de donde nos encontrábamos…

El agente y yo calculamos en cuestión de segundos si nos encontrábamos dentro de la línea de deslizamiento de los coches accidentados y su derrape para poder ponernos a cubierto, pero el burro (más listo que nosotros, ¡¡¡dónde va a parar!!!) se dejó de cálculos y de un tirón arrastró al pobre agente a un lado y a mí me empujó a un terraplén donde volví a abrirme los puntos de la mano… mi vestidito de princesita se me subió hasta el moño y mis preciosas chanclas rosas me doblaron un pie del que tardaré en poder hacer uso… lo más gracioso, si es que algo así puede tener algo de gracioso, es que el agente y yo entramos en una especie de “epilepsia” mental y comenzamos a despotricar contra el pobre accidentado, que nos miraba anonadado porque en realidad ¡el pobre hombre lo que necesitaba era ayuda! Pero a nosotros lo único que nos salía por la boca eran frases como: “JoIMG-20170907-WA0003der, ahora que lo teníamos”, “me cago en tó”, “la madre que te p…” Tanto fue así que el pobre chico en un momento dado nos indicó con la cabeza que sentía mucho haberse “accidentado” y que por su culpa se nos escapara el burro…

Desde estas líneas, pido por favor, que compartáis este blog con todo el mundo que podáis a ver si por casualidad este muchacho lee estas líneas. Su accidente fue el segundo causado por esta situación y ocurrió sobre las seis de la tarde y yo era la que con el vestido por sombrero le gritaba junto con el agente, mi nombre es Concordia Márquez y le pido disculpas de rodillas si es necesario. Siento mucho mi reacción y espero de todo corazón que se encuentre bien y pueda arreglar el coche. La Guardia Civil ya tiene toda la documentación del propietario del animal así que por favor, que se ponga en contacto con ellos si quiere reclamar los gastos. En cuanto a mí, soy testigo de que no tuvo la culpa y le golpearon por d
etrás por causas de fuerza mayor.

Por favor, chaval, seas quien seas, perdóname.

En fin, que yo no me quedé a ver qué pasaba con los coches accidentados y otra vez a correr detrás del burro para evitar a toda costa que entrara en la autovía. Me quedaban apenas 800 metros y de repente vi a mi pobre madre intentar parar al animal desbocado abriendo los brazos y quedándose quieta como un verdadero especialista mientras le hablaba suavemente. Mi hermana y yo seguíamos nuestro protocolo de acorralamiento con el corazón en un puño porque cualquier cosa que hiciéramos mal podría poner en peligro a nuestra madre, y yo me remangué el vestidito a la altura de la ropa interior y haciendo un semidesnudo muy particular salté a la autovía para dejar espacio a mi hermana y sus movimientos. La gente debió flipar y yo me preguntaba por qué narices se me había ocurrido a mí vestirme de forma normal cuando sé que el universo no me da ni un respiro…

Al final, el animal agotado cedió ante nuestras suaves caricias y el imponente aspecto del agente que nos ayudó desde el primer momento y logramos ponerle la cuerda debidamente. Pero aún quedaba lo peor… caminar por la autovía sin poder parar el tráfico completamente por el riesgo que ello suponía y la falta de espacio, con un animal a medio atar, histérico y asustado, hasta llegar a una gasolinera a unos 500 metros más lejos del lugar donde estábamos.

Gracias a Dios y a los ángeles que siempre nos acompañan (y a la inestimable colaboración del burro) llegamos salvos, sanos y sudorosos a la gasolinera. Habíamos llamado a Vera, nuestra increíble y efectiva amiga, directora del Burrito y ella a Germán, el transportista que jamás nos ha fallado, y el pobre venía a toda velocidad para donde estábamos cuando de repente apareció un señor (prefiero evitar las descripciones), diciendo más chulo que un ajo que el burro era suyo y que se lo llevaba. Traía un trocito de cuerdecita de ésas que se usan para atar alpacas de paja y decía que “alguien” le debía haber soltado el burro… y ya está.

El señor, ni corto ni perezoso, cogió a su burro y cuando le pregunté su número de explotación me dijo que no se acordaba… (¡y un cuerno!).

La Guardia Civil le tomó los datos y hala… a mano hasta su “casita” tan contento, pasando por debajo de la autovía y caminando en una carretera general muy transitada tan feliz… y nuestro camión concertado a menos de un kilómetro del lugar. PeIMG-20170907-WA0002ro él dijo que se negaba a pagarlo y que él se iba caminando… y va la Guardia Civil y dice: “Pues vale…”i

Y mi hermana y yo, jadeando, medio desnudas, sudando a chorros, yo, con la mano ensangrentada y el vestidito roto de todas las piedras del terraplén donde se me quedó media espalda, después de casi dos horas arriesgando la vida y cogiendo al burro, nos quedamos con una cara de idiotas que si nos hubieran subido a la red seríamos virales ahora mismo.

El hombre por supuesto nos dio la espalda sin dar las gracias y por pura maldad, le espeté en el último momento que la cuerda era mía, que si quería que lo atara con los pocos pelos que le quedaban en su cabeza, pero que yo la cuerda me la llevaba… (teníais que haber visto la cara de diablillo travieso que se me puso y la cara de asco del susodicho dueño del animalito), pero la cuerda me la llevé….

Son ya tantos rescates como éstos que en los últimos años el CYD, nuestro santuario, ha perdido ya más cuerdas y cabezadas, que las que tenemos en nuestras cuadras para nuestros caballos. Como dicen los ingleses: “No hoof, no horse”, pues en el CYD decimos: “No good owner, no head collar…”, ¡¡¡y a freír perejil!!!

La Guardia Civil de Tráfico ya ha hecho los informes pertinentes por lo que a los tres o cuatro coches accidentados, desde estas líneas les aconsejo que se pongan en contacto lo antes posible con la Guardia Civil, y en cuanto a los animalistas que estén leyendo esto, tranquilos… yo haré otra denuncia aunque sólo sea por mi mano, mi trasero y mi vestidito (el único que tenía, ¡leches!), para que el SEPRONA inspeccione las instalaciones de este señor y compruebe el estado del resto de los animales de este espécimen… porque estos seres aparentemente humanos, nunca tienen un solo animal… (es mi opinión, nuevamente).

Y claro, el transporte lo tendríamos que pagar nosotros… pero gracias a Dios, Germán, el transportista, al enterarse de todo lo ocurrido nos ha dicho que no nos cobra nada. ¡GRACIAS GERMAN! Pero si hubiera sido otro, aparte de nuestro trabajo gratuito, el riesgo para nosotras y tras salvar, no sólo al animal, sino probablemente alguna vida… hubiéramos tenido encima que pagar un transporte… (ya nos ha ocurrido varias veces).

Lo dicho en el título…

Podéis ser todo lo idiotas y caraduras que queráis en España… ¡no hay límites para ello y ninguna ley os lo impide!!!!!!!!!!!!!!!!!!

 

 

concordia cyd